Reflexiones Pastorales

Mateo 14:35-36

Mateo 14:35-36 (RV60)

35 Cuando le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron noticia por toda aquella tierra alrededor, y trajeron a él todos los enfermos;

36 y le rogaban que les dejase tocar solamente el borde de su manto; y todos los que lo tocaron, quedaron sanos.

Reflexión

Ayer meditamos en el manto, el manto es la representación de la Palabra del Señor.

Es la cobertura espiritual que tenemos, la autoridad espiritual  que el Señor nos dio,  la vara de Aaron que Moisés usó para ejercer su autoridad espiritual.

¿Quiénes aman esa Palabra? ¿La buscan? ¿La meditan? ¿La anhelan?

Los enfermos... Los cojos... Los mancos... Y los ciegos.

Los que no Le dejan al Señor la mesa servida.

Los desesperados por una Palabra que los sane, los libera de su  oscuridad y su ruina.

Los que llegan a la iglesia diciendo: Si solo el Señor me tiraría el manto hoy, me diera  una Palabra, sería sano, sería libre.  

Triste estar enfermo y no reconocer la necesidad de recurrir a Jesús por sanidad.

El pobre, el necesitado, el desesperado corren a buscar la Palabra de vida que actúa como espada de dos filos, que corta y sana.

El manto encima cubre la cabeza.

Es señal de proteccion mental y espiritual.

Protección de virus y contaminación espiritual, de pensamientos de derrota, culpa, fracaso y condenación.

Te quieres mantener sano en este mundo  lleno de enfermos?

Enfermos del pecado y de la maldad...

Enfermos mentales y emocionales...

¿Enfermos de adicciones?

No te quites el manto de la vida.

Sin el manto, el pecado nos mata.

No dejes la Palabra.

"Ya vosotros estáis limpios por la Palabra que os he hablado."
(Juan 15)

"Conoceréis la verdad y la verdad os hará  libres."
(Juan 8:32)

"Envío su palabra, los sano y los liberó de su ruina."
(Salmo 107:20)

Jesús es el hospital para almas enfermas.

Su palabra nos preserva de virus  mortales.

Recurre a El como estos enfermos, anhelando una palabra, una promesa que hoy sane tu mente, alma y corazón.

Que hoy haga  transplantes de corazón, cambiando el corazon de piedra por  un corazón de carne.

Pr. Ruben Darío Ramírez