Reflexiones Pastorales

Santiago 5: 3, 17-18

Santiago 5:3,17-18 (RV60)

Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros.

17 Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses.

18 Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.

Reflexión

Los gigantes de la oracion no son los supergigantes espirituales que no sufrieron nada.

Fueron fragiles, se deprimieron, se desanimaron, se cansaron, fueron  humanos.

Por eso oraron, por eso buscaron al Señor, por eso clamaron.

La riqueza y la profundidad de ellos estuvo en la vida de desierto que vivieron.

Su profundidad y su fe en el Señor radicaron en sus debilidades, las cuales los llevaron a ser mas dependientes de Dios.

Pablo dijo: Cuando soy  débil, soy fuerte; y cuando soy fuerte, soy débil.

Estos hombres y estas mujeres como Elías cuando oran traen juicio o bendición en una ciudad, traen sequía o fruto.

Ora aunque no sientas...

Ora aunque estes postrado...

Ora aunque no tengas fuerza para levantarte.

Las respuestas no dependen de tu condición o de tu situación, sino de Aquel que nos dijo:

Clama a Mi y Yo te responderé; y te mostraré cosas  grandes y ocultas que  tu no conoces.
(Jeremías 33)

Hombres y mujeres  como Elías oran a partir de sus fragilidades y eso los hace fuertes en la oración.

Estos hombres y estas mujeres son agentes de juicio o de bendición.

Cuando oran, el cielo se moviliza y cosas grandes pasan en el mundo espiritual.

Cosas sobrenaturales suceden.

Ellos le creen a Dios;  por eso oran, claman e interceden.

Tu comodidad y tu falta de necesidad de oración no te hace fuerte, sino pobre y debil.

Pr. Ruben Darío Ramírez