Reflexiones Pastorales

Salmos 131:1-3

Salmos 131 (RVR60)

131  Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; Ni anduve en grandezas, Ni en cosas demasiado sublimes para mí.

En verdad que me he comportado y he acallado mi alma Como un niño destetado de su madre; Como un niño destetado está mi alma.

Espera, oh Israel, en Jehová, Desde ahora y para siempre.

Reflexión

Cuanto tenemos que aprender de los niños.

David tuvo un corazón como el del Señor y el corazón del Señor es como el de un niño.

El niño no busca grandezas, No busca poder, No busca fama, No busca impresionar, No busca controlar.

El corazón del niño está depurado de odios, resentimientos, amarguras.

El niño solo busca algo: su mayor satisfacción es estar en el regazo de su madre.

Disfrutar de la leche de su madre es la mayor satisfacción de su vida.

Ojala aprendieramos a esperar y confiar en el Señor como un niño.

Ojala dejaramos de ser adultos que corren y quieren el control y el poder.

Ojala encontraramos el lugar del mayor descanso y satisfacción en la vida y ese lugar es postrado a Sus pies.

No aprendamos de los adultos: El adulto tiene orgullo, busca gloria, fama y poder.

Mira y aprende de los niños.

El niño depende totalmente del alimento de su madre.

Ojala puedas construir una relación de dependencia total de la presencia del Señor.

Ese es el lugar de la mayor satisfacción en la vida.

Él cuida de Sus hijos, Él cuida de los que son como niños.

Separados de Su regazo nada podemos  hacer... No podemos sobrevivir.

Pr. Ruben Darío Ramírez