Reflexiones Pastorales

Apocalipsis 4:9-11

Apocalipsis 4:9-11 (RV60)

9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos,
10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.

Reflexión

Los veinticuatro ancianos alrededor del trono representan las doce tribus de Israel y los doce Apóstoles.

Ellos representan el pueblo del Señor.

Una marca distintiva del pueblo de Dios es que vive para adorar y exaltar Al que está sentado en el trono.

Las coronas que el Señor nos da en la tierra, las arrojamos delante de El.

No vivimos para lucir  coronas, sino para dar  gloria a El en todo.

Cuáles son las coronas  que el Señor te ha  permitido o te ha dado?

 ¿Educación? ¿Dinero? ¿Salud? ¿Trabajo? ¿Prestigio? ¿Fama?

Satanás rehusó arrojar  las coronas al Señor - se llenó de orgullo y altivez, y el Señor lo arrojó de Su presencia.

Has caido en la trampa  de satanás?

¿Orgullo?

¿Altivez?

¿Prepotencia?
 
¿Has rehusado vivir para darle gloria a Él en todo?

El mayor pecado del ser humano se llama orgullo.

El orgullo nos lleva a que el Señor nos arroje  de Su presencia.

¿Para qué vives?

¿Para traer gloria a Su nombre en todo lo que haces o para buscar  tu propia gloria?

¿Para servir o para que te sirvan? ¿A quién adoras? ¿A quién sigues? ¿Ante quién te postras?

¿Ante los que tienen coronas  de poder en esta tierra?

¿Pedro nos enseñó: "No me adoren a mi, pues soy hombre como ustedes; adoren al Señor."

Eso le dijo a un poderoso como Cornelio. (Hechos 10)

Si eres parte del pueblo  de Dios...

Una de tus marcas  distintivas es que vives  para adorarlo y exaltarlo solo a El.

Con tu vida, tu tiempo, tu dinero, y todo lo que  eres y tienes.

Billy Graham fue un ejemplo de un anciano que vivió para arrojar  todas sus  coronas  delante del trono.

Ahora el está postrado  ante el trono.

El que aprendió a arrojar sus coronas en la tierra, lo hará en la eternidad.

"Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos. Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre."
(Hechos 10:24‭-‬26)

Pr. Ruben Darío Ramírez