Reflexiones Pastorales

Romanos 4:6-8

Romanos 4:6-8 (RV60)

Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras,
diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos.
Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.

Reflexión

El perdón, la gracia y la misericordia del Señor son incomprensibles.

Si hay alguien que  experimentó y recibió  esa gracia fue David.

Por eso escribió el Salmo 32.

Pablo habla de la justificación por la fe y no por las obras.

El perdón es un acto  de gracia unilateral  que Dios nos otorga,  sin que nosotros  hagamos algo para obtener esa gracia y ese perdón.

Que produce el  perdón?  

Libertad, gozo y paz en el alma.

El Señor nos abrió un trono de gracia, para todos como David que  hemos pecado.

Acercate a ese trono  de gracia con un corazón contrito y  humillado.
 
Reconoce tu fragilidad y tu pecado.

"Si confesamos nuestros pecados, el es fiel y justo para  perdonar nuestros  pecados y limpiarnos de toda maldad." (1 Juan 1:9)

Es una bendición, un regalo recibir Su perdón y Su gracia.

El cojo no hizo nada para ser levantado.

Solo pidió ayuda y así obtuvo esa gracia.

Has recibido ¿Perdón? ¿Gracia?

¿Tus pecados han sido cubiertos?

Eres un bienaventurado.

No olvides: de la gracia que hayas recibido, extiende esa gracia y perdón al que te haya ofendido.

Pues si no perdonamos a los que nos ofenden, el Señor tampoco perdonará nuestros pecados.

Si has sido liberado, extiende libertad a otros.

Decide caminar en libertad, la libertad que Cristo nos otorgó en la cruz.

Pr. Ruben Darío Ramírez